A día de hoy la técnica del fracking para la extracción de gas no convencional está generando gran polémica entre detractores y los que abogan por su implantación a mayor escala.
Parece claro que dicha técnica de extracción provoca unos efectos ambientales muy negativos, difícilmente mitigables, pero por el contrario puede suponer un crecimiento económico muy importante en países que hasta ahora debían importar sus principales fuentes de energía del exterior.

Pero, ¿En qué consiste exactamente el fracking?

A grandes rasgos, el fracking es una técnica de perforación mixta, que incluye una perforación a gran profundidad (hasta 5000 metros) en vertical, para después, una vez en la roca que contiene el gas (pizarras, esquistos) girar y perforar en horizontal a través de la misma hasta 2000 metros. Concluida esta primera fase de perforación, se inyecta una mezcla de fluido hidráulico a presión a través de la misma, que es el que se encargará de fracturar la roca, liberando el gas contenido, que se extraerá a través de la perforación

Ventajas

La técnica del fracking permite, en países dependientes de fuentes combustibles del exterior, como el caso de España, un probable autoabastecimiento, o al menos limitar las importaciones en gran medida, con el ahorro que eso conlleva. Si España fuera capaz de autoabastecerse no sólo ahorraría, sino que generaría ingresos, ya que incluso podría exportar el gas sobrante. Esto generaría puestos de trabajo, un incremento del PIB, y la no dependencia de gas exterior durante casi un siglo. Esto explica el interés político y las últimas pruebas llevadas a cabo.

Inconvenientes

Como no es oro todo lo que reluce, dicha técnica plantea una serie de inconvenientes importantes, donde los más representativos serían:
Al fracturar la roca, el gas se recupera por la perforación, pero dicho gas no viene solo. Éste puede contener trazas de contaminantes, tales como metales pesados. Pero como la técnica dista mucho de ser perfecta, también se generarán fracturas por donde gas y elementos asciendan, contaminando acuíferos, terreno y aire, provocando un riesgo potencial de enfermedades como cáncer.
Otro inconveniente muy importante es la generación de sismos. En España se han registrado centenares de sismos de magnitudes de hasta 5,5 asociados a perforaciones en el Mediterráneo.
Así mismo genera una contaminación acústica importante, debido al ruido que genera.
Finalmente el impacto visual de las centrales de explotación, aunque hay energías verdes cuyo impacto visual es mayor, como los campos eólicos.
Con todo esto, la técnica sigue presentando puntos a favor para los legisladores, y no así para las poblaciones cercanas a posibles puntos de explotación.
¿Creéis que la técnica merece la pena? ¿Deberían plantearse los estados expropiar tierras y trasladar pueblos en base al beneficio económico? No hace muchos años esto lo hemos visto en construcción de embalses, por lo que no es descabellado.

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Vídeo de YouTube (http://youtu.be/Uti2niW2BRA) subido por Kurzgesagt